sábado, 10 de octubre de 2015

Entre tú y yo, casi hemos muerto.

Entre tú,
que lo arreglas todo con silencio,
y yo,
que es imposible callarme cuando siento.

Entre los dos,
formamos un avión
cayendo en picado,
dirección al suelo.

Podríamos salvarnos,
pero habría que ser valientes.
Nos faltan besos de buenas noches,
caricias en la espalda, miradas cómplices...

Hace días que desconoces.
No sabes si mis ojos han llovido, ni por qué.
Hace tiempo que te desconozco.
Por más que te busco, sólo encuentro indeferencia.

Es cierto,
ni siquiera vemos
el mismo mar desde la ventana.
Pero accedimos a esto.

Yo en un mar de dudas,
casi ahogada por la incertidumbre.
Tú en un mar de respuestas
que no me quieres dar.

Ahora que no nos cae la misma lluvia,
parece que tus te quiero
son producto de la costumbre.
Te quiero por rutina. Por romper el hielo.

Sigues ausente.
Ninguna palabra puede hacerte reaccionar.
Nos acabaremos estrellando,
te toca a ti coger los mandos.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Si quieres, rascamos el cielo.

Vamos a dejarnos de irrealidades,
y a vivirnos, comernos y bebernos.

Si quieres, 
podemos bailar el amor,
aunque sea en diferentes suelos.
Pero la misma canción.

No tienes que pensar
en si es una misión suicida.
Podemos parecer dos kamikazes
pero podemos aparecer ganadores.

Yo sé 
que todo aquello que veo negro,
lo puedes pintar de colores.

No puedes fruncirle el ceño
a una verdad,
pero puedes hacerla tuya.
Tú y yo también somos ciertos.

Si te convences,
me convences.

Míranos, todos nuestros recuerdos son cimientos.
Todo esto lo hemos construido nosotros.

Abrázame, que rascamos el cielo.

Conciénciate, ningún terremoto tiene nuestra fuerza.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

Grito de auxilio.

He pensado tanto en ti
y en tanto contigo
que si me dices adiós
me sangrará el alma.

Siempre vi el amor
en colores cálidos.
Y lo he vivido con delicadeza,
con miedo a quemarme.

Deberías haber venido
con un cartel informativo en el pecho:
Por cada noche conmigo
hay 100 noches de fría soledad.

Dices unos "te quiero"
que hielan el alma.

Que llegue ya el invierno,
y tú con él,
porque estoy intentando latir
entre escarcha.

Desde que siento que no sientes,
me autolesiono con tu recuerdo.
Y aquí sigo, desnuda,
esperando a que me vistas una sonrisa.

Es cruel por tu parte:
sabes que puedes abrazarme
con palabras.
Y no quieres, o no puedes.




Mi niño, sólo es el eco de un grito de auxilio:

Ven a salvarme o a matarme, 
pero no me dejes agonizando.                  

lunes, 31 de agosto de 2015

Apocalipsis.

Sigo apostando por ti,
y lo haría mil veces más.
Y de momento,
voy ganando a la suerte.

Y si fallo, no se me ocurre
mejor forma de quemarme una mano.
Ni mejor sonrisa que la tuya
para hacerme perder la cordura.

Que ya luzco con orgullo
cicatrices de tormentas pasadas.
Y tú eres más que eso.
Tú podrías ser mi apocalipsis.

Podrías ser un cielo
en plena lluvia de estrellas.
Sólo te pido una cosa:
Sé lo que quieras, pero sé mío.



miércoles, 19 de agosto de 2015

Tu fondo.

Pocos tienen valor en el corazón
para volver como tú:
con los ojos inundados de ganas,
y una victoria en cada yema de los dedos.

Has derrotado al tiempo,
que cobarde corre en tu presencia.
Y has derrotado a la distancia,
restándole importancia, ganándotela tú.

Cuando todos sacan sus armas,
tú desenfundas tu sonrisa,
mostrando tu fondo, lo más profundo de ti,
en forma de terraza con vistas al mar.

Y, así, enamoras hasta a los pájaros.
Que hacen cola para anidar en tu pecho,
que saben que la vida es corta,
y que tú puedes parar relojes.

No les culpo,
yo estoy deseando
ver tu fondo en mi sofá.
Y verte a ti con mi sofá de fondo.




jueves, 13 de agosto de 2015

El hueco más bonito.

No sé si eres consciente
de todo lo que llevas contigo,
y de todo lo que dejas.
Te llevas más trozos que mudas en la maleta.

Aún espero la clave para no ahogarme,
porque hemos inundado 
toda la ciudad de recuerdos,
y no sabes cómo duelen los segundos sin ti.

No imagino cómo serán los viajes largos
sin poner la mano en tu rodilla,
ni despertar de una pesadilla
y encontrarme en otra: tu ausencia.

Que me he pasado las noches
susurrando cuánto te quiero
mientras duermes.
Por si te asusta la inmensidad...

Te prometería hasta lo que no tengo,
lo imprometible, lo inimaginable,
si así despertásemos cada mañana
en la misma cama.

Lo sé, fallo mío.
Me la jugó el instinto:
iba a buscarte las cosquillas
y te encontré el corazón.

No importa.
Eres el hueco más bonito que puedo tener en el pecho.